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La Razon
Una jornada negra se vivió ayer en el estadio IV Centenario de Tarija donde tras la derrota de Ciclón ante Destroyers por 1-2, decenas de hinchas en estado de ebriedad convirtieron la cancha en un campo de batalla para agredir a los jugadores visitantes y a los mismos jugadores locales.
La esperada fiesta en Tarija terminó en un pandemónium donde rigió la ley del más fuerte. Ni siquiera los periodistas se salvaron de la cobarde agresión de los aficionados que rompieron vidrios, acabaron con la cabina médica y hasta destrozaron una motocicleta de la Policía Nacional.
Los cerca de 40 uniformados desplegados en el escenario se vieron superados por la turba de aficionados violentos. Los guardias nada hicieron cuando decenas de barra-bravas en estado de ebriedad rompieron las mallas de seguridad para ingresar por cuatro sectores al campo de juego.
Sobre los 38' del final los revoltosos sitiaron prácticamente a los 22 hombres y la terna arbitral, que sin embargo no paralizó el encuentro. Marcelo Ortubé suspendió el lance a un minuto del final, pero fue tarde, porque los malos seguidores de Ciclón agredieron a los jugadores de Destroyers, luego de un forcejeo entre un futbolista tarijeño y otro cruceño. Ahí se encendió la mecha, los visitantes corrieron tras los camarines, mientras una lluvia de proyectiles trataba de evitar su ingreso a los vestuarios.
La Policía reaccionó tardíamente, disparó gases lacrimógenos, para tratar de dispersar a los violentos aficionados. Algunas emisoras cortaron sus transmisiones; los periodistas no pudieron salir del escenario al igual que los jugadores canarios que seguían en el vestuario.
“Es terrible, nunca vi algo así...”, “No puede ser, esto es una batalla...”, “Esto le hace mal al fútbol tarijeño, calmémonos por favor...”, fueron los pedidos desesperados de las pocas emisoras que tras el triste final transmitían aún los pormenores del escándalo. Tarija, Marcas